He visto crecer la música en Villena en sus calles. Después de 10 años, he visto cómo la semilla del VEM tomaba forma, desplegaba sus raíces y llegaba a todos los rincones de la ciudad. No solo físicos, sino también personales. El VEM es un gran acontecimiento en el sentido más auténtico del término. Seguramente no por su dimensión física, sino por su extensión máxima de músicos y músicas a los que llegan.
La grandeza del VEM tiene que ver con su alma espontánea, su sencillez, la huida de lo estrambótico y la magnificencia. VEM ofrece sobre todo música y músicos. En estado puro.
Así, año tras año, hemos visto cómo el pentagrama que se generó hace 10 años hoy está más vivo que nunca, más fuerte, suena más alto y continúa creciendo. Ser músico en Villena te hace especial. Porque especial es la música que se ha generado aquí desde la historia de la historia. Las notas musicales tienen apego a nuestra ciudad, y Villena responde generación tras generación con la fabricación de grandes músicos. Unos, profesionales reputados; otros, aficionados con mucha escuela.
El VEM no distingue. Ofrece su hueco porque es consciente de que quien se rinde a este arte necesita un escenario, un reconocimiento y mucho público.
Del VEM, en esta década, se ha hablado mucho. Yo mismo lo he hecho, tanto de la música como de los músicos.
Pero luego, esta gran invitación tiene un elemento que es importantísimo, es la sangre que corre por las venas del VEM: el público. Nada suena si nadie escucha. Y el VEM ha sumado en sus diez ediciones muchos miles de intérpretes en sus diferentes escenarios. Pero, sobre todo, muchísimos más espectadores, amantes de la música que encuentran en ella un refugio, un elemento para motivarse, para superar un momento difícil, encontrar la paz o vivir un instante sumo de alegría. Y el VEM ha ofrecido estos diferentes escenarios a las mismas personas, un año uno, y otro año otro distinto. Seguramente porque cada persona que ha acudido al VEM, edición tras edición, no era ni la misma ni se encontraba en la misma situación. Pero siempre ha estado presente.
La música es como el oxígeno, no se ve, pero es fatal si nos falta.
De todas las ofertas culturales de esta Villena Infinita que el Ayuntamiento genera cada fin de semana, el VEM tiene algo especial. Porque es la invitación a salir a la calle para hacer algo que, generalmente, hacemos en la intimidad de nuestra casa, nuestro coche, en nuestros momentos más propios: escuchar música. En estos 10 años, los diferentes pregoneros y pregoneras del VEM, impulsado por el incombustible Pepe Ayelo, nos han empujado a inundar las calles. El silencio del público que escucha música también suena. Por eso, Villena ha invitado a todos a venir, ven al VEM es una invitación inexcusable. Y cada vez que me suena –desde mi condición de castellanohablante– no puedo evitar evocaciones a la canción por la libertad de Raimon: Al vent, la cara al vent. El cor al vent. Les mans al vent. Els ulls al vent…
La música es libertad, es expresión pura de una sociedad que está viva, que mira al futuro sin filtros sesgados, que entiende al igual y al diferente, que es capaz de compartir y de vivir sin desaire. Un tanto no se enfrenta al bolero, al rap ni a un rock ni a una soleá del flamenco más puro. En estos tiempos de radicales, de intransigentes, de extremistas y miradas circunspectas, el VEM nos invita a vivir la libertad del gusto musical, a elegir nuestro escenario, o todos los escenarios. A recorrerlos sin juzgar, solo dejándose llevar. Sin escalas ni jerarquías, sin nadie primero, y todos detrás. Al contrario. No soy músico, pero entiendo que en un pentagrama la disciplina de las notas es ocupar, todas ellas, el lugar que les corresponde. No hay notas de primera ni notas de segunda. Simplemente, cuando falta una, la pieza se resiente.
Estos 10 años de VEM nos han enseñado que nadie sobra en este mundo, que no tiene dueño ni señor. Que la música puede ocupar los rincones de nuestra ciudad, que entre todos cuidamos y hacemos mejor, rincón a rincón. Más bella, más cuidada, más moderna, protegiendo nuestra esencia. Esa que corre por nuestras venas de villenero o villenera, la que tiene forma de nota musical, de libertad, de cultura, de solidaridad, empatía, hospitalidad y de VEM.
Ven al VEM y deja tu huella en su música, en el pentagrama de nuestras calles. Compón, dirige, interpreta, escucha. Porque aquí todo suma, todo emociona y todo acaba convirtiéndose en música. Todo es VEM.
Fulgencio Cerdán. Alcalde de Villena